Falleció empresario Silvino Todeschini

Se va una parte de la historia de Fiat de Venezuela

Silvino-Todeschini

El sector automotor venezolano y la propia historia industrial de Venezuela se visten de luto al iniciar las celebraciones de Semana Santa al conocerse desde Italia las noticias sobre el reciente fallecimiento del industrial ítalo-venezolano Silvino Todeschini.  Hombre de trabajo y todo un ejemplo de tenacidad e ingenio, que hizo de su historia la de la marca italiana Fiat en Venezuela.

La noticia del fallecimiento de Silvino Todeschini fue divulgada a través de las redes sociales por su hijo, Luca Todeschini, quien junto a su hermana Manuela Todeschini apoyaron y relevaron la iniciativa industrial del empresario en los últimos años.

“He estado ausente porque nuestro padre falleció hace unos días.   Muchos le conocieron y tuvieron oportunidad de compartir con él.  A quienes no le conocieron les puedo decir que ¡era un duro!” dijo Todeschini.

Al recordar al padre, al industrial y al hombre de trabajo que fue don Silvino, Luca Todeschini añadió “fue uno de los que en Venezuela aportó para construir el país que dejamos atrás y que tanto añoramos.  Ayudó a muchas personas y no solo en Venezuela, porque por donde quiera que pasó, dejó huella”.

Añadió Todeschini que “nos enseñó a mí y a mi hermana Manuela de primera mano los valores y los principios, que creo todos conocemos y compartimos, porque los padres de esta generación que formamos nosotros fueron todos hombres de bien”.

Al compartir sus recuerdos,  Luca Todeschini señaló “mi viejo se nos fue… pero solo físicamente, porque donde quiera que esté, estará siempre cuidando de nosotros.   Cuando todos éramos niños, todos teníamos un héroe… para algunos era Batman, para otros era Superman.   Yo debo decir que para mí solo hubo uno ¡ese era mi viejo Silvino!”

Uno de los grandes capitanes de empresa sudamericano

La historia del empresario ítalo-venezolano Silvino Todeschini es singular y a la vez universal, porque su historia propia, única e irrepetible, fue la misma de muchos otros empresarios europeos que partieron de la Europa de la inmediata posguerra a un país, Venezuela, que les recibió con los brazos abiertos y donde todo estaba por hacerse.

También la historia de Silvino Todeschini debe entenderse como la historia de agradecimiento de un hombre hacia la tierra que lo recibió cuando las circunstancias de la vida y del destino le obligaron a dejar la suya.   Decir acá que Silvino Todeschini encontró una segunda patria en Venezuela podría parecer retórico o vacío, así que vale más  precisar que gente como el empresario italiano hizo de su país adoptivo un país mejor, en agradecimiento por haberse convertido en su segunda patria.

En reiteradas oportunidades la segunda generación Todeschini, representada por sus hijos Luca y Manuela, relató a todos los interesados en oírlas, las anécdotas y vivencias que en imparable secuencia llevaron a aquel joven inmigrante italiano a formar familia, a criarla, a convertirse en empresario y desde ahí a hacer un invalorable aporte a la noble misión que tiene todo ciudadano del mundo de hacer país.

Como tantísimos inmigrantes que llegaron a Venezuela desde regiones europeas como Italia, Portugal, España, las Islas Canarias, Alemania y tantos otros al promediar el siglo pasado, Todeschini no pudo contar con mucho más que lo contentivo en su baúl de viaje.  A partir de ahí fue desempeñándose en varios oficios y su voluntad de trabajo y  progreso le fue abriendo puertas en un país donde siempre hubo abundantes oportunidades para todos los que no le tuviesen miedo al trabajo.

Todeschini no le tuvo miedo al trabajo y pronto encontró un oficio en el transporte sobre ruedas, en la carga pesada y en el mantenimiento de los camiones pesados.  Como muchos inmigrantes en esos tiempos, dormía en una pensión o en su propio camión a falta de alojamiento más cómodo y de dinero para pagarlo.  Entonces alguien le dio una pequeña oportunidad y él no la desaprovechó.

La sucesión de pequeñas y bien aprovechadas oportunidades convierten al joven Silvino en chofer de camión, abriéndole la posibilidad de contraer créditos con los cuales administró y posteriormente montó una pequeña flota de vehículos de transporte semi-pesados.  

La experiencia  le hizo enfocarse al área comercial y acá encontró la posibilidad de distribuir piezas para estos vehículos.   Luego llegó la oportunidad de comprar y vender vehículos usados, y finalmente el naciente empresario logró abrirse la puerta del negocio de venta de vehículos nuevos.  Ya Fiat formaba parte de su vida y de su naciente familia.

Durante muchos años, algunos solían burlarse de quienes representaban la marca Fiat porque estos repetían orgullosamente, una y otra vez, que “Fiat es mi familia y está antes que la familia”.  Para quienes quisieran preguntar, el aparente fanatismo no tenía más que la fachada. 

“Fiat le da de comer a mi familia y yo debo cuidar de mi familia” decían orgullosos aquellos italianos.  Esto fue definido por empresarios como Enzo Ferrari como “la religión del trabajo”.  Fue una escuela impuesta por todos estos rudos e incansables empresarios italianos que como el “viejo Enzo” o el propio don Silvino, se hicieron a sí mismos.

Al cuidar los destinos de la marca Fiat en Venezuela, la empresa italiana cuidó de don Silvino y esa voluntad de trabajo, multiplicada una y mil veces en múltiples esfuerzos, le llevó a convertirse a lo largo de los años ’70 en uno de los más importantes representantes comerciales de Fiat Automóviles de Venezuela. 

El nombre de su ciudad natal, Verona, fue también el nombre de aquello que don Silvino hizo lo más representativo de su vida luego de su familia;  su negocio.   Verona Motors fue el nombre de la franquicia Fiat desarrollada por don Silvino en Caracas y a través de ella el empresario no solo desarrolló el negocio de venta de vehículos, sino que a través de él concretó los sueños de aquellos que buscaban un primer carro, de quienes necesitaban trasladar a sus familias, de los que requerían fortaleza mecánica para llevar carga pesada y de todos aquellos venezolanos – o extranjeros – a quienes la compra de un vehículo Fiat les iba a ayudar directamente en su deseo de crecer como personas, como empresarios, como profesionales.

En 1999, Verona Motors era uno de los más sólidos distribuidores de Fiat en el país.  Ya los hijos de don Silvino, Luca y Manuela, estaban involucrados al negocio como parte de él, como un instrumento de aprendizaje tan valioso como la instrucción académica.  Ya todos allí sabían que cualquier trabajo es tan honroso como necesario, así se tratase de arremangarse la camisa para limpiar bien ese Fiat que se acababa de vender si el empleado encargado de eso no pudo ir al trabajo por alguna razón.  

Fue justamente entonces cuando la orden de Fiat Italia fue tajante y la marca abandonó la actividad de ensamble en el país.  Más que una oportunidad comercial, fue el arraigo por la marca y esa percepción de que “Fiat es la familia” lo que seguramente llevó a don Silvino a tomar otro de los muchísimos riesgos comerciales que asumió en vida;   solicitar directamente a Fiat Brasil la autorización para, en lo sucesivo, representar oficialmente a la marca en el país.

Cuando Silvino Todeschini dio el paso y añadió a Verona Motors la Comercializadora Todeschini a finales del siglo pasado, ya el esfuerzo suyo y de otros concesionarios había consolidado a la marca italiana como una de las más queridas del automovilista venezolano.

No fueron años fáciles los que le tocó a don Silvino enfrentar al frente de Comercializadora Todeschini.  Fueron años de alta sensibilidad para la industria, en los que un día podía venderse de manera histérica y al otro perderse hasta la camisa.  Ya entonces comenzaban a verse las serias distorsiones económicas y políticas que llevarán al otrora pujante sector automotor nacional al estado de crisis terminal que hoy vive.

En un mercado hipersensible y difícil de pronosticar, la sapiencia de don Silvino, la buena semilla sembrada por éste en sus hijos Luca y Manuela, el buen hacer aplicado a la marca Fiat en Venezuela y ese trabajo apasionado, apegado a los valores del esfuerzo, el sacrificio y de la búsqueda de oportunidades con la bandera de la voluntad de trabajo,  hicieron de Fiat la marca importada más relevante del país. 

Al frente de Comercializadora Todeschini, don Silvino y sus hijos lograron consolidar y cohesionar la red comercial de Fiat en el país, expandieron la marca, exploraron nuevos segmentos de mercado e intentaron reintroducir otros emblemas del grupo italiano como Alfa Romeo.  Un solo punto le quedó pendiente a don Silvino: reanudar el ensamble de Fiat en el país.

Al asumir la comercialización de Fiat en Venezuela con el nacer el nuevo siglo, don Silvino supo transmitir a sus hijos ese sueño que para él fue reanudar las actividades de ensamble.  Hizo todo lo que estuvo de su mano y de la de su empresa para conseguirlo.  El empresario nuevamente hizo inversiones, sacrificios y demás esfuerzos que solo estaban justificados por esa utopía de seguir produciendo en este país que le había recibido siendo inmigrante.  Pese a todo, el proyecto de volver a ensamblar Fiat en Venezuela sigue siendo un sueño que ahora tiene como relevos a la segunda generación de la familia.

El trabajo de don Silvino dio a Comercializadora Todeschini una gran promoción en la marca Fiat.   El empresario no solo dio ejemplo en Venezuela, sino que se convirtió en una referencia en las subsidiarias de Fiat en Colombia, y también de Argentina y Brasil, desde donde se abastecía y donde dejó testimonios de honestidad, constancia y dedicación.

El sueño de don Silvino de reiniciar el ensamble de Fiat en el país no se dio, pero como importador llevó a la marca a niveles fabulosos en Venezuela y Colombia. 

Fuimos testigos en Brasil del reconocimiento que recibieron don Silvino, Manuela y Luca como cabezas visibles de Comercializadora Todeschini, cuando esta empresa se convirtió en el importador independiente más grande de Fiat en el mundo.   Más grande que los existentes en países en los que el mercado local para autos nuevos era considerablemente mayor que el venezolano.

Las últimas veces que vimos a don Silvino en los cuarteles generales de Comercializadora Todeschini en Caracas, le veíamos como siempre, vital, activo.  Seguramente la mejor definición la encontró su hijo Luca, quien una y otra vez se enorgullecía al afirmar: “¡Ese viejo es un duro!”

La pasión por la marca Fiat que tuvo don Silvino durante la mayor parte de su vida, fue también la pasión por Ferrari, por las carreras, por las otras grandes marcas italianas y por todo lo que una “bella macchina” representa para cualquier italiano.  Fue esta pasión la que, junto con la familia, le acompañó en sus últimos años de vida, allá en su Italia natal. 

Don Silvino falleció físicamente lejos de Venezuela, pero en este país dejó su corazón, sus manos, su ingenio y parte de su vida, todavía confiado en que volvería a recogerlos para proseguir el trabajo pendiente sobre su escritorio desde el mismo lugar donde lo dejó.

Gente como don Silvino logró con sus desvelos, esfuerzos e ingenio, crear país en un lugar donde a su llegada todo estaba por hacer.  Mal recuerdo para su memoria sería subvalorar todo eso y no seguir luchando para continuar con la historia del sector automotor en Venezuela.  Es lo que él hubiese hecho de haber llegado al país y haber encontrado un legado de trabajo creado por quienes vinieron antes que él.

Fuente: flash.guiamotor.com

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